"Estira los segundos para que se hagan mas largos. También hace trasplantes de momentos amargos. Y si continúa la amargura en nada lo consuelas, se aplica un poco de anestesia para que no le duela"
martes, 9 de junio de 2015
Don Aurelio por Pilar Gallego
Don Aurelio, un hombre de mediana estatura, delgado. Vivía en una casa de gran tamaño, a las afuera de una enorme ciudad. Este hombre nunca tuvo interés de casarse y formar una familia, lo único que tenía era la empresa que heredo de sus padres.
Aurelio solía ir a su fabrica para controlar que sus empleados asistan a su trabajo y si lo hacían correctamente. Un día, José, un señor de familia muy humilde, que trabajaba hace muchos años para el señor Aurelio, se acerca hacia él para comentarle su necesidad de no asistir un día a su trabajo, su motivo era que una de sus hijas festejaría su ceremonia de casamiento. Aurelio, no muy convencido con este favor de José, lo miro y le dijo ¡NO!, José se retiro y siguió con su rutina de trabajo.
Un tiempo más tarde, Aurelio estaba realizando un recorrido por la fábrica hasta que comenzó a sentir fuertes dolores en el pecho, todos se habían retirado de su puesto de trabajo, pero solo quedaba José.
Aquel hombre asistió a Aurelio y lo acompaño hacia su casa y llamo a un médico para que lo revise y controle. Este mismo hombre, José, se retiro para seguir su tarea en la fábrica. Aurelio, solo, acostado en su cama pensado que hubiera sido de él si no hubiese recibido ayuda de José.
Esto lo hizo reflexionar y decía que la riqueza no te hace mejor persona, eso te convierte en una persona egoísta y con mala impresión hacia las personas que se veían con forma de vida precaria y humilde.
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