jueves, 4 de junio de 2015

Patovica de la arena


Es un niño hermoso, casi angelical, de grandes ojos claros, rubio, dulce a la vista, pero cuando uno lo conoce bien sabe con exactitud que las apariencias engañan.
Nunca he visto un niño mas “egoísta” y avaro, su madre ya no sabe qué hacer con él. Lo conocí en el verano, vecino de arena diría yo…, en el balneario, a lo primero da mucha risa un niño tan pequeño recorriendo las carpas de cien vecinos, acaparando en la carpa todo juguete que encuentra, y convirtiéndose en un patovica de 2 años para que nadie pueda recuperar sus bienes mas preciados, y a esta edad cuando hablo de bienes hablo de baldes palitas y moldecitos.
Su egoísmo no sabe de géneros ya que roba con gran rapidez hasta bienes de colores femeninos, su madre corre atrás de sus pañales explicándole o tratando de explicarle eso es “rosa”, “no es tuyo” pero el en su avaricia no logra reconocer lo dicho por su madre.
Su padre con la paciencia colmada, por los reclamos de los vecinos de arena lo obliga a devolver los tesoros escondidos. Berrinches interminables, enojos llantos desconsolados es lo que logra.

De a ratos me gusta dejar mi lectura y espiar este pequeño hombrecito correr por la playa con objetos robados a mucha prisa. Pienso “no sería mejor jugar con otros” pienso, y mirando a futuro no creo que este niño se convierta en un hombre generoso, no lo parece!!!

Autor del relato, Díaz Juan Ignacio 

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