jueves, 28 de mayo de 2015

La envidia de Katherin.

Querido diario:
 Todos amaban a Beth, era rica, popular, hermosa, "perfecta", pero yo conocía la verdad, yo, su hermana sé como era ella. Superficial, hipócrita, mentirosa, egoísta, una zorra envidiosa; todo lo que quería, lo obtenia; era una niña mimada, una barbie, una doble cara.


 Cuando ella caminaba por los pasillos del colegio todos se corrian para dejarla pasar, nadie podia ganarle en belleza, ella siempre tenia que ser la reina del baile escolar. Beth hacia todo por obtener la corona.

 Beth creía que al ser su hermana era su sirvienta, como si yo fuera Cenicienta. No podia tener un novio mejor que el de ella, y si era asi, Beth me lo robaba.

 Este año en el baile ocurrió algo muy raro, ¡Beth no gano! Después de que nombraran a la ganadora de la corona, a la reina del baile escolar, Beth subió al escenario y le quitó la corona de las manos, cayo sobre el panel de electricidad, como era de esperar, con la corona en sus manos, siendo electrocutada.. Y así murió Beth, mi hermana mayor.

 Esta fue la última página del diario íntimo de la hermana de Beth, ahora los alumnos de la escuela Mojiuk sabemos la verdad sobre la popular Beth.
                                                                          ...Continuara...


 Noticia enviada por Katherin Jackson.
 Diario escolar, escuela Mojiuk, Manchester.





Karagiannis, Alexia.

sábado, 23 de mayo de 2015

La ruta

Hoy dudo si realmente era tan feliz como creía. Mi adinerada familia seguramente lo era. Para ellos Lorena era la novia perfecta, ojos azules como el cielo, el cabello suave como la más fina seda, una sonrisa perfecta y una piel de tez tan blanca y pura que inspiraba ternura. Pero seguramente, mi familia consideraba que era más importante que todo, que su padre sea dueño de una importantísima petrolera nacional que contaba con una gran posición dentro del mercado mundial.
Todo marchaba excelentemente bien, de hecho, solo esperaba el tiempo necesario, para ofrecerle ser mi esposa. Pero el que más feliz se encontraba con ésta situación era mi padre, ya que ansiaba que forme parte de la familia de esa “elitista” familia. Todo hubiera sido así de no haber realizado ese viaje juntos, que gracias a Dios, realizamos.
Como decía, emprendimos un pequeño  viaje de fin de semana largo a Mar Del Plata, hermosa ciudad. De repente, una de las ruedas de mi coche se pinchó, para colmo, increíble e irresponsablemente la rueda de auxilio estaba desinflada. Tampoco tenían señal nuestros teléfonos, por ende, debimos quedarnos dentro del auto a la espera de algún buen samaritano que se dignara a ayudarnos. Luego de dos largas horas, se dio. Una humilde familia detuvo su auto, pequeño y precario, pero auto al fin. Era un matrimonio en el que ambos rondaban los cuarenta años, con tres chicos: una nena de unos trece años, un varón en edad de jugar con autitos de colección, y otro pequeño que seguramente no había dejado los pañales aún.
Muy amablemente el hombre bajó del coche y nos ofreció enganchar ambos vehículos para llevarnos hacia la estación de servicio más cercana. Antes de bajar para aceptar su ayuda, Lorena me codeó y me dijo simple pero estrictamente “NO”; la miré confundido y nuevamente antes de que pudiera emitir alguna palabra, me devolvió la mirada acompañada de otro seco “NO”. No me quedó más remedio que agradecerle  al hombre su ayuda y mentirle diciendo esperábamos una grúa. Desconcertados, los cinco siguieron su curso, y yo, ya a solas con mi novia, le pregunté por la razón de su actitud, imaginando que su respuesta sería que algo en ese hombre no le inspiraba confianza, lo que sería entendible .No fue así. En cambio, me dijo: “Alguien como yo, no va a permitir que la ayude esa manga de pobres”. Quedé impactado.
Una vez en Mar Del Plata, seguí pensando en lo sucedido, y comencé a notar otras actitudes, tal vez insignificantes, pero que me demostraban que aquella frase de Lorena no habían sido simples palabras desafortunadas.
Había pasado el fin de semana largo, nos esperaba nuevamente un largo viaje, y quién sabe por obra de qué, en la misma ruta, exactamente en el mismo kilometro que nos habíamos varado en la ida, un auto volcó. Lógicamente  salí desesperado a brindar mi ayuda, y como si fuera poco el cielo se oscurecía y la ruta se encontraba, tal como días antes, desierta. Sumado a todo esto, Lorena, la única persona además de mí que podía dar una mano permanecía en el auto con una clara expresión de mal humor en su rostro. Le pedí que me acompañara a ayudar. Ni se inmutó.
Cuando me acerqué al auto, noté que era la misma familia que se había preocupado por nosotros días antes. Ahora, además de sentir la obligación de ayudar porque era lo correcto, la sentía porque sabía que eran buenas personas, y también por devolver un favor. Ya no le pedía a Lorena que ayudara sino que se lo exigía, pero como respuesta soltó una frase aún más cruel: “Dejalos ahí y vayamos,  estoy muy estresada y necesito descansar. Que los ayude los de su tipo”.
Esas últimas palabras quedaron rebotando y rebotando en mi cabeza. Surgió entonces una revelación en mí, y decidí hacerle caso, pero no se alarmen, porque yo me sentía ahora de su “tipo”. Si realmente exististe una suerte de “bandos”, no creo que los separe una condición económica, sino, una condición humana. Una condición de quien tiene más bondad acumulada en el alma. Le dije a Lorena que si estaba tan apurada, que se vaya. De todas maneras no legaría lejos, ya que el auto tenía poco combustible, cosa que ella no sabía, y como yo prometí costear todo el viaje, irónicamente ella, sí, justo ella no llevaba dinero encima. ¡Ja! Me gustaría poder haber visto su expresión en cuanto lo descubriera.
Me quedé con la familia, ya a salvo, esperando a alguien más de “nuestro tipo” que nos sacara de la ruta. Por supuesto la idea de una posible boda ya no existía, yo no quería pasar el resto de mi vida con alguien así, y ella no iba a perdonar que la haya hecho volver sola y sin combustible.
Ojalá ustedes, lectores sean del tipo de persona con bondad en el alma.
Por mi parte, más allá de todo lo pasado, estoy agradecido hacia esa ruta, a ése lugar, porque fue la ruta que cambió la ruta de mi vida.

viernes, 10 de abril de 2015

El juicio de Roberta por Paloma de Arregui y Abigail Rekofski


El Juicio de Roberta

- ¿Jura solemnemente decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
- Si, juro.

Así empezó toda la historia de un largo juicio. Roberta tenía 38 años, estaba embarazada ya de seis meses y trabajaba en una pesquera como recepcionista, todo el problema empezó cuando la empresa no quería pagar los sueldos, por ‘problemas de cobro en el exterior’, hacían renunciar a los empleados que algunos tenían grandes familias y fuertes complicaciones a la hora de conseguir trabajo, cada vez se iba más y más gente hasta que en la oficina quedaron solo tres mujeres, una de ellas Roberta, que no tenía ingresos y ya su hija venia en camino. Un día vio entre los papeles que manejaba normalmente unos que decían que los dueños no tenían problemas, sino que tenían otras empresas en las que cada vez les iba mejor, así fue como decidió empezar el juicio, a esas personas que habían dejado sin trabajo a tanta gente siendo injustos, mentirosos y falsos con ellos. Empezó a buscar testigos que ayudaran, gente que había trabajado en condiciones horribles y un caso particular, Damián, padre de familia que vivía en frente a la empresa, que por tener juicio había “cerrado”,  fue un testigo clave para la resolución del caso.
Llamamos a testificar a Damián Corbalán- dijo el abogado
- ¿Jura solemnemente decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?
Si, juro- dijo Damián.
Y volvemos a donde empezó esta historia que les comencé a contar hace unos instantes. La cara de Ricardo, el dueño de la fábrica, fue totalmente enfermiza durante las declaraciones, que cada vez lo comprometían más.
- Si, la empresa está cerrada… Lo extraño es que constantemente veo entrar, salir empleados de la fábrica, escucho a las maquinas trabajar y el olor a sangre de tiburón se siente inconfundiblemente igual que siempre.
La cara de Ricardo que cada vez denotaba más odio hacia Roberta, esa cara que todos ponemos cuando nos hacen enojar, o la cara de un inocente niño cuando le quitas de sus manos algo que tanto quería justo antes de llorar, pues le estaba por ganar el juicio y le iba a sacar la plata que tanto quería para seguir invirtiendo, además de quedar como un mentiroso ante toda las personas allí presentes que cada vez lo miraban con menos agrado.
Por fin termino todo, en esta historia que así contada parece corta, pero que duró más de 6 años. Las comprometedoras declaraciones de Damián, más los textos encontrados por Roberta presentados ante el juez, habían cambiado totalmente la orientación del mismo, haciendo que el abogado defensor de Ricardo no pudiera hacer ya nada, el juez dio su palabra y el fallo fue a favor de Roberta, la empresa tuvo que presentar quiebra y cerrar. Ricardo por su parte se tuvo que ir de la ciudad con una empresa menos que le diera ingresos, aun que seguía teniendo otras que cada vez acrecentaban su ambición, pero ya todos en Bahía Blanca sabían, por el diario, que ese hombre no era más que una persona egoísta y mentirosa. Y por fin Roberta crió a su hija que a la hora del cobro del juicio ya tenía casi 7 años.

Por Paloma de Arregui y Abigail Rekofski

jueves, 9 de abril de 2015

 La Historia de Anita
A Anita siempre le había gustado oír cuando pasaban lista en la escuela. Si ella fuera a la escuela, dirían: “Ramírez, Ana”; y ella respondería feliz: “Presente”. A Ana la habían sacado de la escuela hacía algún tiempo. Su madre había muerto cuando ella apenas cumplía un año. Su padre había perdido el trabajo yahora, ella tenía que ayudarlo vendiendo alfajores en una esquina. Al mediodía, Anita se iba a la escuela del barrio porque a la salida muchos chicos le compraban alfajores. Siempre llegaba antes del timbre, se sentaba en la vereda y se ponía a escuchar la clase de quinto grado. Muchos chicos de ese curso la conocían y algunos la saludaban por la ventana. A la salida, le compraban esos ricos alfajores que ella vendía; otros se acercaban sólo  para hablar con ella, se había hecho algunos amigos, y le contaban de su vida. Un día, los niños le preguntaron a qué escuela iba, lo cual Ana contesto muy apenada que a ninguna, que ella sólo vendía alfajores. El profesor Néstor les dio al grupo de quinto una tarea sobre los derechos de los niños. Ese mismo día, varios alumnos le dijeron a Anita que uno de sus derechos era asistir a la escuela, lo cual sorprendió mucho a la niña, ya que era lo que más anhelaba. Al día siguiente, Ana decidió no ir a trabajar e ir a la escuela para escuchar más sobre el tema de estos derechos que le habían comentado. Se exalto mucho cuando, al acercarse a la ventana,escucho que la mayoría de los chicos del curso estaban hablando sobre ella. Al profesor le intereso mucho la historia de Anita, por lo que decidió ir a hablar con su padre, para informarle sobre los derechos de su hija, que ella debía asistir al colegio. Esto no le gustó nada al hombre, lo enojo mucho y hasta incluso quiso golpearlo. Cuando se fue el profesor y se quedó solo con Anita, estaba tan enojado que empezó a pegarle, muy fuerte, hasta hizo que su labio sangre. Al día siguiente, la pequeña fue a vender alfajores a la escuela, como acostumbraba. Néstor salió a buscarla y se dio cuenta de lo lastimada que tenía la cara. La llevó a una salita, donde la doctora, además de curarle el labio, le explicó que ella podía “levantar un acta”, es decir, acusar a su papá de maltrato, así un asistente social hablaba con su padre, para que ese tipo de cosas no vuelvan a suceder, y que pueda asistir a clase como todos los chicos de su edad. Anita sentía temor de hacer eso, su papá se enojaría más que nunca, hasta que le hicieron entender que eso seria mejor para los dos. Después de mucho pensar, se armó de valor y, acompañada por la doctora y el profesor, decidieron hacerle el acta. A los pocos días, llegó una carta para citar al papá de Ana en el juzgado. A la nena le temblaban las piernas de miedo. Ese día Anita fue, como de costumbre, a vender los alfajores  a la escuela. Estaba tan asustada que sus amigos se dieron cuenta. Ellos decidieron acompañarla hasta su casa, para que no estuviese sola. Cuando su padre llegó, estaba furioso, y se puso más enojado al ver que su hija no estaba sola. Empezó a dar de puñetazos al aire, sus amigos se asustaron incluso más que ella, entonces se llevaron a Ana lejos de su casa. Esa noche y la siguiente, la niña se quedó en lo de Juanita.  Al día siguiente, el papá de Anita la fue a buscar a la escuela. El profesor salió a hablar con él y le dijo que los chicos le habían contado lo ocurrido, y que en el juzgado pensaban tomar la decisión de quitarle la tenencia, lo cual fue un hecho.
 Anita estaba muy apenada por la situación pero entendió que era lo correcto, para ella y para su padre. La niña fue adoptada por una familia muy amorosa, que la llevó a la escuela, y cuando terminó el secundario la mandaron a estudiar. Traumada por su infancia, decidió estudiar abogacía, con especialidad en derecho familiar. Pasaron muchos años, Ana era muy exitosa y estaba muy comprometida con  los niños que defendía, les tomaba mucho cariño. Un día, ella caminada por una plaza, yendo al juzgado, cuando de repente vio a un hombre pidiendo algunas monedas. Por alguna razón que ella no entendió en el momento,  ese humilde señor le produjo un nudo en el estomago, decidió observarlo por que realmente le llamaba mucho la atención, aunque cada día veía a alguien pidiendo monedas. Algunos minutos después descubrió por que esa sensación, descubrió que ese hombre no era cualquiera, sino que era su padre. En el momento no supo que hacer, solamente salió corriendo, con lagrimas en los ojos. Estuvo pensando muchos días, hasta que tomo el valor suficiente para ir a enfrentarlo y comentarle quien era ella, después de todo, seguía siendo su padre. Lo primero que le salió al verlo, fue abrazarlo. Lo había extrañado en esos años que pasaron. La respuesta fue muy satisfactoria, por que el abrazo del hombre, fue aun con más fuerza…

Cabrelli, Agustina
Una buena acción
Llueve, son las 6.30 am y suena el despertador. Se rehúsa a volver a lo cotidiano; la alarma vuelve a sonar, no le queda otra opción. Se viste, se sube al auto y no habla con su padre. Llega a la escuela y ve a su amigo, le pide que le ayude en unos ejercicios de química y este, no quiso ayudarlo. La profesora ingresa al aula, pide los ejercicios y Joaquín sigue sin ayudar a su amigo. Después de 2 horas, Leandro todavía seguía llorando y él tampoco hace nada. Al volver de la escuela, ese día, su padre lo espera con una noticia trágica: su madre habría tenido un accidente de auto y estaba muy grave, internada en el hospital con insuficiencia cardíaca. Para salvar a su madre decide realizar una buena acción, le dona uno de sus pulmones y la salva.

Reynoso, Sofía

miércoles, 8 de abril de 2015


-Bienvenido-
Este blog fue creado por los alumnos de 5to año "A" de la Escuela Normal Superior José Manuel Estrada n°8 con el fin de hacer públicos nuestros trabajos diarios en Literatura.

Hombres: 
-Joaquín Gonzalez
-Juan Ignacio Diaz
-Matías Belarmino
-Nahuel Carricart

Mujeres:
- Abigail Rekofski
-Agustina Cabrelli
-Ailín Ialungo
-Alexia Karagiannis
-Ayelén Cabral
-Brenda Martínez
-Brisa Lay
-Karen Infantino
-Marisol Pilar
-Micaela Quiñones
-Milagros Jara
-Paloma de Arregui
-Pilar Gallego
-Sofía Diaz Pinchinatti
-Sofía Reynoso
-Sofía Laszuk
-Solange Valdovinos