jueves, 4 de junio de 2015

Patovica de la arena


Es un niño hermoso, casi angelical, de grandes ojos claros, rubio, dulce a la vista, pero cuando uno lo conoce bien sabe con exactitud que las apariencias engañan.
Nunca he visto un niño mas “egoísta” y avaro, su madre ya no sabe qué hacer con él. Lo conocí en el verano, vecino de arena diría yo…, en el balneario, a lo primero da mucha risa un niño tan pequeño recorriendo las carpas de cien vecinos, acaparando en la carpa todo juguete que encuentra, y convirtiéndose en un patovica de 2 años para que nadie pueda recuperar sus bienes mas preciados, y a esta edad cuando hablo de bienes hablo de baldes palitas y moldecitos.
Su egoísmo no sabe de géneros ya que roba con gran rapidez hasta bienes de colores femeninos, su madre corre atrás de sus pañales explicándole o tratando de explicarle eso es “rosa”, “no es tuyo” pero el en su avaricia no logra reconocer lo dicho por su madre.
Su padre con la paciencia colmada, por los reclamos de los vecinos de arena lo obliga a devolver los tesoros escondidos. Berrinches interminables, enojos llantos desconsolados es lo que logra.

De a ratos me gusta dejar mi lectura y espiar este pequeño hombrecito correr por la playa con objetos robados a mucha prisa. Pienso “no sería mejor jugar con otros” pienso, y mirando a futuro no creo que este niño se convierta en un hombre generoso, no lo parece!!!

Autor del relato, Díaz Juan Ignacio 

miércoles, 3 de junio de 2015

Una víctima más del bullying


        El día 25 de febrero del 2014, se dio a conocer una víctima más del bullying.
        Una adolecente de un pueblo, la cual le gustaba salir con sus amigas, decidieron ir a una fiesta donde había mucho exceso de alcohol y drogas; esta joven tomo hasta emborracharse.     
       La adolecente coqueteaba con unos chicos, estos se aprovecharon del estado en que estaba. Fue violada y fotografiada. Los jóvenes al día siguiente, distribuyeron las imágenes por las redes sociales. Hasta llegar a un punto que todo el pueblo se enteró lo que paso esa noche.
      Los acosos y los insultos fueron constantes, a partir de ese momento, la adolecente entro en un estado depresivo. No quería salir a ningún lado, ni hablar con nadie.
       Los padres decidieron mudarse ya que ella estaba muy afectada. Los acosos y los insultos siguieron igual. Se sentía muy indefensa y acorralada, que decidió tomar una decisión trágica, quitándose la vida.
       Los chicos que se habían aprovechado de ella, no se habían dado cuenta el daño que le estaban causando, hasta que se enteraron delo sucedido.


Autora del relato Ialungo, Ailin

jueves, 28 de mayo de 2015

La envidia de Katherin.

Querido diario:
 Todos amaban a Beth, era rica, popular, hermosa, "perfecta", pero yo conocía la verdad, yo, su hermana sé como era ella. Superficial, hipócrita, mentirosa, egoísta, una zorra envidiosa; todo lo que quería, lo obtenia; era una niña mimada, una barbie, una doble cara.


 Cuando ella caminaba por los pasillos del colegio todos se corrian para dejarla pasar, nadie podia ganarle en belleza, ella siempre tenia que ser la reina del baile escolar. Beth hacia todo por obtener la corona.

 Beth creía que al ser su hermana era su sirvienta, como si yo fuera Cenicienta. No podia tener un novio mejor que el de ella, y si era asi, Beth me lo robaba.

 Este año en el baile ocurrió algo muy raro, ¡Beth no gano! Después de que nombraran a la ganadora de la corona, a la reina del baile escolar, Beth subió al escenario y le quitó la corona de las manos, cayo sobre el panel de electricidad, como era de esperar, con la corona en sus manos, siendo electrocutada.. Y así murió Beth, mi hermana mayor.

 Esta fue la última página del diario íntimo de la hermana de Beth, ahora los alumnos de la escuela Mojiuk sabemos la verdad sobre la popular Beth.
                                                                          ...Continuara...


 Noticia enviada por Katherin Jackson.
 Diario escolar, escuela Mojiuk, Manchester.





Karagiannis, Alexia.

sábado, 23 de mayo de 2015

La ruta

Hoy dudo si realmente era tan feliz como creía. Mi adinerada familia seguramente lo era. Para ellos Lorena era la novia perfecta, ojos azules como el cielo, el cabello suave como la más fina seda, una sonrisa perfecta y una piel de tez tan blanca y pura que inspiraba ternura. Pero seguramente, mi familia consideraba que era más importante que todo, que su padre sea dueño de una importantísima petrolera nacional que contaba con una gran posición dentro del mercado mundial.
Todo marchaba excelentemente bien, de hecho, solo esperaba el tiempo necesario, para ofrecerle ser mi esposa. Pero el que más feliz se encontraba con ésta situación era mi padre, ya que ansiaba que forme parte de la familia de esa “elitista” familia. Todo hubiera sido así de no haber realizado ese viaje juntos, que gracias a Dios, realizamos.
Como decía, emprendimos un pequeño  viaje de fin de semana largo a Mar Del Plata, hermosa ciudad. De repente, una de las ruedas de mi coche se pinchó, para colmo, increíble e irresponsablemente la rueda de auxilio estaba desinflada. Tampoco tenían señal nuestros teléfonos, por ende, debimos quedarnos dentro del auto a la espera de algún buen samaritano que se dignara a ayudarnos. Luego de dos largas horas, se dio. Una humilde familia detuvo su auto, pequeño y precario, pero auto al fin. Era un matrimonio en el que ambos rondaban los cuarenta años, con tres chicos: una nena de unos trece años, un varón en edad de jugar con autitos de colección, y otro pequeño que seguramente no había dejado los pañales aún.
Muy amablemente el hombre bajó del coche y nos ofreció enganchar ambos vehículos para llevarnos hacia la estación de servicio más cercana. Antes de bajar para aceptar su ayuda, Lorena me codeó y me dijo simple pero estrictamente “NO”; la miré confundido y nuevamente antes de que pudiera emitir alguna palabra, me devolvió la mirada acompañada de otro seco “NO”. No me quedó más remedio que agradecerle  al hombre su ayuda y mentirle diciendo esperábamos una grúa. Desconcertados, los cinco siguieron su curso, y yo, ya a solas con mi novia, le pregunté por la razón de su actitud, imaginando que su respuesta sería que algo en ese hombre no le inspiraba confianza, lo que sería entendible .No fue así. En cambio, me dijo: “Alguien como yo, no va a permitir que la ayude esa manga de pobres”. Quedé impactado.
Una vez en Mar Del Plata, seguí pensando en lo sucedido, y comencé a notar otras actitudes, tal vez insignificantes, pero que me demostraban que aquella frase de Lorena no habían sido simples palabras desafortunadas.
Había pasado el fin de semana largo, nos esperaba nuevamente un largo viaje, y quién sabe por obra de qué, en la misma ruta, exactamente en el mismo kilometro que nos habíamos varado en la ida, un auto volcó. Lógicamente  salí desesperado a brindar mi ayuda, y como si fuera poco el cielo se oscurecía y la ruta se encontraba, tal como días antes, desierta. Sumado a todo esto, Lorena, la única persona además de mí que podía dar una mano permanecía en el auto con una clara expresión de mal humor en su rostro. Le pedí que me acompañara a ayudar. Ni se inmutó.
Cuando me acerqué al auto, noté que era la misma familia que se había preocupado por nosotros días antes. Ahora, además de sentir la obligación de ayudar porque era lo correcto, la sentía porque sabía que eran buenas personas, y también por devolver un favor. Ya no le pedía a Lorena que ayudara sino que se lo exigía, pero como respuesta soltó una frase aún más cruel: “Dejalos ahí y vayamos,  estoy muy estresada y necesito descansar. Que los ayude los de su tipo”.
Esas últimas palabras quedaron rebotando y rebotando en mi cabeza. Surgió entonces una revelación en mí, y decidí hacerle caso, pero no se alarmen, porque yo me sentía ahora de su “tipo”. Si realmente exististe una suerte de “bandos”, no creo que los separe una condición económica, sino, una condición humana. Una condición de quien tiene más bondad acumulada en el alma. Le dije a Lorena que si estaba tan apurada, que se vaya. De todas maneras no legaría lejos, ya que el auto tenía poco combustible, cosa que ella no sabía, y como yo prometí costear todo el viaje, irónicamente ella, sí, justo ella no llevaba dinero encima. ¡Ja! Me gustaría poder haber visto su expresión en cuanto lo descubriera.
Me quedé con la familia, ya a salvo, esperando a alguien más de “nuestro tipo” que nos sacara de la ruta. Por supuesto la idea de una posible boda ya no existía, yo no quería pasar el resto de mi vida con alguien así, y ella no iba a perdonar que la haya hecho volver sola y sin combustible.
Ojalá ustedes, lectores sean del tipo de persona con bondad en el alma.
Por mi parte, más allá de todo lo pasado, estoy agradecido hacia esa ruta, a ése lugar, porque fue la ruta que cambió la ruta de mi vida.