Me adentre en la selva, no la
veía igual, no pensé que realmente fuera así, tal como la describían aquellos
libros que siempre leía, tan majestuosa, grande y virgen que ni dios creería la
perfección que veían mis ojos, quien diría que yo, la misma persona que hace
unos días estaba rodeado de lujos ahora viniera a buscarme a mí mismo acá, al
lugar más alejado a todas las comodidades que tenía. Hace tan solo un par de semanas me adentre a aquí, pero con un propósito
totalmente diferente, el dinero que me prometieron a cambio de encontrar un
lugar posible para establecer otra de las ciudades, infinitas riquezas que no
lograrían, o al menos eso creía, saciar esa ambición tan característica en mí,
fui en busca del mejor lugar que se pudiere encontrar en la selva Brasilera, acompañado
de tan solo 2 valientes hombres, con grandes talentos para la caza y supervivencia,
pues no sabíamos cuánto tiempo podríamos llegar a estar allí.
Luego de recorrer varios días encontramos el lugar perfecto para establecer lo que sería la futura hermosa ciudad de Maramboo, pegado un rio, rodeado de muchísimos recursos naturales, en verdad salteemos esta parte, nada muy importante en la historia que les quiero contar, pasaron aproximadamente 3 días desde que llegamos a allí y algo nos sorprendió, muchísimo más que todos los animales que ya nos habían visitado, algo que realmente no esperaríamos, personas.
Personas, si como leíste, pero no como las que yo estaba acostumbrado a conocer, sino que estos no hablaban, no vestían, prácticamente no hacían nada igual a nosotros, simples barbaros eran, cada uno de ellos era de una forma parecida y a su vez diferente entre cada uno de los que se encontraban a su lado. Nos habían estado observando todo este tiempo, y nuestro encuentro cara a cara no fue del todo pacífico, va del todo no, directamente no lo fue, nos ataron y llevaron con los ojos vendados a su mini aldea, hasta que por fin pudimos ver algo, estábamos rodeados por ellos y nos miraban de una forma muy extraña, como mira un niño con rareza algo desconocido y sin vergüenza alguna, hablaban sí, eso creo que hacían, ellos parecían entenderse y es más se quisieron dirigir a nosotros pero sin sentido alguno ya que por lógica no los entendíamos. Llego uno de cuerpo fornido, y por la forma en que caminaba y en que lo veían con respeto parecía ser el líder de todos ellos, se acercó a uno de mis compañeros y le pegó, no sé si sería lo mejor para él, Daniel no era de un carácter tranquilo y aun que sea lo último que haga se iba a vengar por semejante ofensa. Casi, pero solo casi me olvido de contarles como la conocí, no podía dejar de mirarla, tenía una mirada penetrante, pelo largo lacio, rasgos duros, ojos miel y una belleza poco antes vista, su personalidad se notaba hasta de lejos que era imponente una mujer, aunque barbara, una mujer difícil de olvidar. No podía dejar de pensar en ella, era muy extraño, secuestrado sin saber que me podría pasar mañana, o simplemente minutos después pero me había hipnotizado, sin escapatoria de su ‘hechizo’ más fuerte, la mirada.
Pasó todo tan rápido que todavía no puedo creer lo que estoy viendo, pero antes de decirles voy a seguir contando mi historia, yo sabía, sabía que ese hombre no tendría que haberle pegado a Daniel, lo conocía, se logró soltar y fue una matanza, todos estaban durmiendo y despertaban con gritos de las personas más cercanas a donde estábamos, ella se había quedado dormida después de un largo tiempo de mirarnos, no hacíamos nada más que eso, solo nos mirábamos, pero naturalmente había una conexión que pensé que nadie me podría arrebatar, ni mucho menos que lo haría el que me ayudo todo este tiempo, desperté con sus gritos desesperados y para cuando reaccioné ya no estaban esos ojos llenos de magia, ahora se veían vacíos, no tenían ese brillo que los caracterizaba, lo único que sé es que no recuerdo nada hasta que reaccione con las manos llenas de sangre y el cadáver de Daniel en mis manos, todos me miraban perplejos, pero como si de un demonio se tratase.
Hice dos tumbas, una para mi amor, y otra para mi amigo, que muerto ya estaba y no logro saber realmente porque, creo que ese es el motivo por el que después de los recuerdos que me trae este lugar, haya vuelto quiero respuestas a mis dudas que sé que solo yo puedo responder, ahora lo único que hago es contarles esta historia enfrente a esos lugares donde debajo están en estado de putrefacción sus cuerpos, intentando nomas recordar, recordar sus miradas.
Luego de recorrer varios días encontramos el lugar perfecto para establecer lo que sería la futura hermosa ciudad de Maramboo, pegado un rio, rodeado de muchísimos recursos naturales, en verdad salteemos esta parte, nada muy importante en la historia que les quiero contar, pasaron aproximadamente 3 días desde que llegamos a allí y algo nos sorprendió, muchísimo más que todos los animales que ya nos habían visitado, algo que realmente no esperaríamos, personas.
Personas, si como leíste, pero no como las que yo estaba acostumbrado a conocer, sino que estos no hablaban, no vestían, prácticamente no hacían nada igual a nosotros, simples barbaros eran, cada uno de ellos era de una forma parecida y a su vez diferente entre cada uno de los que se encontraban a su lado. Nos habían estado observando todo este tiempo, y nuestro encuentro cara a cara no fue del todo pacífico, va del todo no, directamente no lo fue, nos ataron y llevaron con los ojos vendados a su mini aldea, hasta que por fin pudimos ver algo, estábamos rodeados por ellos y nos miraban de una forma muy extraña, como mira un niño con rareza algo desconocido y sin vergüenza alguna, hablaban sí, eso creo que hacían, ellos parecían entenderse y es más se quisieron dirigir a nosotros pero sin sentido alguno ya que por lógica no los entendíamos. Llego uno de cuerpo fornido, y por la forma en que caminaba y en que lo veían con respeto parecía ser el líder de todos ellos, se acercó a uno de mis compañeros y le pegó, no sé si sería lo mejor para él, Daniel no era de un carácter tranquilo y aun que sea lo último que haga se iba a vengar por semejante ofensa. Casi, pero solo casi me olvido de contarles como la conocí, no podía dejar de mirarla, tenía una mirada penetrante, pelo largo lacio, rasgos duros, ojos miel y una belleza poco antes vista, su personalidad se notaba hasta de lejos que era imponente una mujer, aunque barbara, una mujer difícil de olvidar. No podía dejar de pensar en ella, era muy extraño, secuestrado sin saber que me podría pasar mañana, o simplemente minutos después pero me había hipnotizado, sin escapatoria de su ‘hechizo’ más fuerte, la mirada.
Pasó todo tan rápido que todavía no puedo creer lo que estoy viendo, pero antes de decirles voy a seguir contando mi historia, yo sabía, sabía que ese hombre no tendría que haberle pegado a Daniel, lo conocía, se logró soltar y fue una matanza, todos estaban durmiendo y despertaban con gritos de las personas más cercanas a donde estábamos, ella se había quedado dormida después de un largo tiempo de mirarnos, no hacíamos nada más que eso, solo nos mirábamos, pero naturalmente había una conexión que pensé que nadie me podría arrebatar, ni mucho menos que lo haría el que me ayudo todo este tiempo, desperté con sus gritos desesperados y para cuando reaccioné ya no estaban esos ojos llenos de magia, ahora se veían vacíos, no tenían ese brillo que los caracterizaba, lo único que sé es que no recuerdo nada hasta que reaccione con las manos llenas de sangre y el cadáver de Daniel en mis manos, todos me miraban perplejos, pero como si de un demonio se tratase.
Hice dos tumbas, una para mi amor, y otra para mi amigo, que muerto ya estaba y no logro saber realmente porque, creo que ese es el motivo por el que después de los recuerdos que me trae este lugar, haya vuelto quiero respuestas a mis dudas que sé que solo yo puedo responder, ahora lo único que hago es contarles esta historia enfrente a esos lugares donde debajo están en estado de putrefacción sus cuerpos, intentando nomas recordar, recordar sus miradas.
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